¿Deben preocuparse las empresas por los desechos plásticos?

¿Deben preocuparse las empresas por los desechos plásticos?

En un post anterior sobre Por qué consumimos agua embotellada, te explicábamos las importantes razones que muchos argumentan en contra de este tipo de distribución del agua. Entre ellas, se menciona el importante volumen de desechos que genera y el alto grado de contaminación al que nos expone. ¿Preocupa a las empresas este tipo de argumentos en contra de sus productos? Pues veámoslo un poco más en detalle.

Desde hace algunos años, la concienciación sobre los problemas derivados de desechos plásticos parece estar calando hondo en grandes sectores de la sociedad. La seriedad del situación ya ha provocado algunas medidas políticas al respecto, como las de los gobiernos de San Francisco y Seattle, que han prohibido la compra de agua embotellada en todas las instituciones públicas; o la ciudad de Chicago, que desde 2008 cobra un impuesto sobre la compra de este producto. A ellas se suma el pueblo australiano que prohibió su venta e instaló más fuentes públicas.

Sí, el grifo está en auge. Lugares como Londres o Nueva York promocionan restaurantes que sólo sirven agua de red, una tendencia que no para de crecer. ¿Moda o tendencia generalizada? Es difícil afirmar una o la otra, pero sí podemos decir que durante el año pasado las ventas de agua embotellada bajaron en Europa y Norteamérica, aunque en el mundo el mercado sigue creciendo y en la última década se convirtió en la mercancía que más dinero mueve, detrás del café y el petróleo.

En España, el 95,8 por ciento de la producción corresponde a las aguas minerales naturales, el 2,50 por ciento a manantiales y el resto a las potables preparadas. Y aunque las empresas afirmen que el cien por ciento de los envases son reciclables, no se conoce qué porcentaje se reciclan. De allí la importancia de aquellas empresas que invierten en un packaging más ecológico, ya que también es cierto que existen muchos lugares donde el agua de grifo es extremadamente insegura y que es un producto indispensable en situaciones de crisis humanitarias, donde los servicios se ven gravemente afectados.

Necesidad real o simple consumo, lo cierto es que las empresas deberían plantearse hasta dónde puede llegar su política agresiva contra el medio y cuánto mejor sería realizar un profundo y sincero compromiso.