El drama de la sequía se sufre en Argentina
No es un desierto, pero parece. La extrema sequía que afecta al país austral se retrata en la infinidad de osamentas a la vera del camino, la tierra seca que invade el aire y la triste imagen de suelos áridos en los otrora causes de los ríos. Un ejemplo bastará para plasmar la situación: perdido entre las sierras cordobesas se encuentra el pueblo de Salsipuedes, que hasta hace poco tenía un río y hasta una cascada; ahora es un lugar en el que se pelea a puñetazos por el agua y en el que los detenidos por intentar asaltar los camiones cisterna deben son liberados porque la cárcel no tiene agua ni para darles de beber.
Y es sólo uno entre cientos de poblados. Y es que en la provincia de Córdoba no llueve desde hace casi un año; los 255 mililitros registrados este año se encuentran muy por debajo de los 320 que marcaron la gran sequía de 1950. Pero la sequía afecta a toda la región central y al norte del país. Se aplican multas por “uso irresponsable” del agua en las norteñas provincias de Tucumán y Jujuy, donde comenzó una campaña de concienciación de la población para que consuma “lo estrictamente necesario“. En similar situación están las provincias de Santiago del Estero y el norte de Catamarca, el oeste de La Rioja y el centro San Luís, distrito que ha declarado la “emergencia hídrica”. Dos millones de hectáreas, casi equivalente a la Comunidad Valenciana, están en emergencia, poniendo al ras de la miseria a cientos de pequeñas poblaciones. La asombrosa violencia y rapidez del proceso ha dejado a las provincias al borde del drama.
Pero ni el desastre vivido en las localidades cercanas a la capital ha servido de ejemplo ni de aviso; en un país propenso a la improvisación, las autoridades capitalinas no restringen el suministro ni programan cortes. Sólo esperan la lluvia:
No ha llovido en septiembre, ni en octubre, ni en noviembre, pero eso es porque las lluvias están retrasadas. Llegarán en unos días, aseguró el coordinador de la Federación Empresarial Hotelera, Alejandro Morini. “Aunque la verdad es todas las tardes pensamos que lloverá y todas las tardes las nubes pasan plomizas, sin dejar una sola gota de agua“, afirmó el rector de la Universidad Católica.
Y aunque los hoteleros se tranquilizan entre sí prometiéndose la lluvia y la recuperación de la temporada estival que aún no arranca en el país, muchas otras voces distan del optimismo: “La desertificación, que tiene que ver con la sequía, ha ido gestándose a la par del proceso de sojización, el desmonte y arrasamiento de tierras, que han venido acompañados de desalojos de habitantes muy pobres con engaños y, muchas veces, con violencia“, denunció el padre Velasco, un jesuita que asegura que hoy todo el mundo está preocupado por el agua porque falta en las grandes ciudades, pero que nadie prestó atención cuando faltó en las pequeñas localidades de la provincia.
Vía: El país
Artículos relacionados

[...] los últimos años, diversas sequías han azotado grandes zonas de nuestro planeta, dañando en forma irreparable frágiles ecosistemas y [...]