Millones de personas envenenadas con arsénico en Bangladesh
El agua, elemento esencial para la vida, puede ser fuente de numerosos males. En aquellos lugares donde la presencia de agua limpia es escasa, sea por causas naturales y/o por falta de inversiones, existe un enorme riesgo para la población de contraer enfermedades como el cólera, fiebre tifoidea, shigella, poliomielitis, meningitis y hepatitis A y E. Millones de personas mueren cada año por beber agua contaminada con desechos humanos, animales o químicos. Tal es el caso de Bangladesh, donde cada día millones de personas beben agua contaminada con arsénico.
Me salieron manchas en la piel y después empezaron los problemas de riñón. Mi tobillo derecho está muy inflamado y me duele muchísimo, los médicos dicen que debo cuidarme para que no se me gangrene, explicaba Sinu Rani, trabajadora del país asiático.
Y es que se trata de un mal silencioso: la mayoría se va enfermando sin notarlo, ya que el agua no tiene ningún olor o sabor extraño. La cifra es alarme, entre 10 y 20 millones de personas han resultado afectadas en Bangladesh por haber consumido agua de pozos construidos entre el Gobierno y ONGs mundiales, en lo que resulta el envenenamiento colectivo más grande de la historia.
Si bien los síntomas del envenenamiento no se dan de inmediato, con el tiempo -de ocho a 20 años después- las personas afectadas empiezan a sufrir manchas en la piel, sensación de ardor, cansancio crónico, pérdida de la sensibilidad en las extremidades, gangrena o daños en los órganos internos que puede evolucionar en cáncer, principalmente de la piel, vejiga y pulmón. Algunos también mueren fulminados por infartos de miocardio. Todos consumen agua extraída de pozos que fueron construidos por la cooperación internacional para frenar otras enfermedades, y que ahora les está matando.
El arsénico es una sustancia química que se encuentra naturalmente en el subsuelo en muchos lugares del mundo; Bangladesh es hasta ahora el país más afectado en todo el globo, cuyo territorio contaminado representa hasta un 60 por ciento del total.
Según el Banco Mundial, antes de 1970, 250 mil niños morían por diarrea cada año. Para evitar esa mortandad, el Gobierno de Bangladesh y Unicef iniciaron un programa promoviendo el consumo de agua de pozos que comenzaron a perforar en todo el país. Así, consiguieron que el 95 por ciento de la población utilizara el nuevo sistema, sin que nadie supiera que estaban bebiendo arsénico; pues no se revisaron los niveles cancerígenos de estos pozos.
Todo ello sumado a la aparición sumamente tardía de los primeros síntomas de envenenamiento, hizo que sólo a principios de los noventa, cuando la población ya había bebido agua contaminada durante unos 20 años, se descubriera la tragedia.
Esto hace parecer a Chernobil como un pic-nic de escuela de domingo, asegura Richard Wilson, especialista de Harvard que también estudió los efectos radioactivos en la ciudad de Ucrania.
¿Estaba Unicef implicado en la construcción de estos pozos?
Implicadísimo, responde Carel de Rooy, representante de Unisef en Bangladesh. Por eso salvamos a millones de niños de morir por diarrea. En aquel tiempo no se acostumbraba a hacer pruebas de arsénico, aseguraba.
Pero para los denunciantes, Unicef y otras organizaciones son responsables, porque omitieron que en esa época ya se conocían casos de contaminación por arsénico. Por lo que el doctor Mahmuder Rahman del Hospital Comunitario de Dhaca asegura que al mundo no le importa este problema porque Bangladesh es un país pobre. Y porque son los más pobres quienes más lo sufren.
Por si fuera poco, los enfermos también se enfrentan al desconocimiento del resto, que no sabe que los males que padecen estas personas no son contagiosos. Sahida Begum, tiene 32 años y vivía de lo que ganaba con un puesto de té en la calle.
Cuando me empezaron a salir manchas y grietas en las manos, la gente dejó de comprarme por miedo a infectarse, cuenta la mujer. Ahora tampoco me dejan coger agua del pozo limpio. Tienen miedo a que lo contamine, dice.
Desde que se tuvo conocimiento de la contaminación, se realizaron una serie de campañas para señalar los pozos con pintura. Pero aún hoy no se han revisado todos los pozos. Según los últimos datos, de los 8,6 millones de pozos existentes, sólo un 55 por ciento han sido revisados. De ellos 1,4 millones están envenenados, es decir, un 29 por ciento del total revisado. Una cifra aterradora que podría crecer.
Artículos relacionados


Comments are closed.