El agua minero-medicinal Fita Santa Fe viajó por todo el mundo durante décadas; se convirtió en uno de los purgantes y digestivos salinos más famosos de España. Sus botellas se vendían en las mejores farmacias pero la medicina moderna diezmó su comercialización. Ahora, la organización Huerva Vivo se propone rescatar el manantial tras más de tres décadas de abandono.

La fuente de Fita Santa Fe se encuentra ubicada en las cercanías del monasterio del mismo nombre, en una zona de áridos campos. Durante décadas, el agua del lugar fue venerada por los lugareños por sus probadas virtudes para terminar con los dolores de estómago, de hígado e intestino. También era considerada un excelente purgante y laxante.

Desde fines del siglo XIX, el agua se acarreaba en grandes cubas hasta la calle Madre Sacramento, en Zaragoza, donde era filtrada, tratada y embotellada. El tratamiento del líquido era necesario ya que el agua poseía un alto contenido en sal que impedía su consumo directo. Las botellas se vendían en farmacias con llamativas etiquetas donde se destacaban sus cualidades.

Agua Fuente de Fita Santa Fe2

El boca a boca la convirtió en uno de los digestivos salinos más famosos de España; también estaba indicada para tratar el reumatismo, el estreñimiento, la obesidad, la piel, los problemas de riñón, estómago y hemorroides. En 1940, el agua de la Fuente de Fita fue declarada de utilidad pública y minero-medicinal, lo que le permitió exportar gran cantidad de agua a Europa, Filipinas, parte de África y Latinoamérica. Tres décadas después, la medicina cambió y el agua ya no pudo competir con los fármacos, se cerró el negocio y el manantial está abandonado.

La Fuente de Fita cumple 125 años y la organización Huelva Vivo quiere recuperar el lugar. Esta fuente, junto a La Junquera, La Teja y la Fuente de la Salud serán señalizadas para que todos los visitantes puedan encontrarlas. El proyecto se denomina Senda Verde e incluye el distrito de Casablanca, pasando por el Ojo del Canal. Los textos que incluirán los carteles son obra del divulgador ambiental Paco Iturbe.

Fuente | El periódico de Aragón