Aunque todas las aguas se parezcan, no son iguales. El mercado del agua embotellada dispone para nosotros toda una gama muy diferenciada. Las hay de manantial, o de minerales naturales; provistas de bicarbonatos, sodio, calcio, hierro o muchos otros aditivos.

Estos manantiales pueden ser naturales o haber sido creados por el ser humano; pero en ambos casos, sus aguas se caracterizan por su pureza tanto química como microbiológica. Las subterráneas son ricas en minerales, oligo-elementos y otros componentes que pueden utilizarse en beneficio de nuestro cuerpo. Sin embargo, existen algunas diferencias entre ambas:

  • manantiales: se trata de fuentes que salen de forma natural a la superficie, aunque también puede sacarse del subsuelo. Sus aguas deben presentar ciertos niveles de pureza que la hagan aptas para el consumo.
  • mineral natural: aguas exclusivas de depósitos subterráneos, libres de toda contaminación. Podríamos decir que es bacteriológicamente sana, pues se la envasa en el lugar de donde se extrae. Los minerales y oligoelementos que posee son naturales, no se le agrega ni quita nada.

Conocer las cualidades de cada tipo de agua te ayudará a seleccionar la que tu cuerpo requiera. Lee la siguiente información y la próxima vez que estés frente la góndola del supermercado, tómate unos minutos para revisar las etiquetas.

Tipos de agua mineral:

  • Hiposódicas diuréticas: menos de 20 mg/l de sodio. Ideales para que quienes requieren una dieta baja en sodio, sea por hipertensión arterial, problemas cardiacos, litiasis, afecciones renales o alteraciones asociadas a retención de líquidos.
  • De débil mineralización: el total de calcio es inferior a 150 mg/l y el de magnesio menor a 50 mg/l. Ideal para usarse en alimentos infantiles y para personas con problemas de riñón.
  • De mineralización fuerte: aquella con residuo seco superior a 1500 mg/l
  • Bicarbonatadas: aporta un nivel superior a 600 mg/l de bicarbonatos. Neutralizan la secreción gástrica y estimulan la digestión. También se las recomienda para tratar problemas de metabolismo, sobre todo en casos en que se quemen pocas grasas o en los que hay vesículas o hígados poco activos.
  • Fluoradas: con más de 1 mg/l de fluoruros.
  • Sulfatadas: son las que poseen más de 200 mg/l de sulfatos. De sabor amargo, tienen una importante acción sobre la piel y el aparato digestivo. Se caracterizan por su acción purgante.
  • Cálcicas: las de más de 150 mg/l de calcio.
  • Carbónicas: agua con gas. Gas carbónico libre, para ser más exactos. Una de las ventajas de su consumo es su capacidad para estimular los ácidos del aparato digestivo.
  • Ferruginosas: más de 1 mg/l de hierro. Sugeridas para ayudar en casos de anemia, también se las recomienda contra el reumatismo y la obesidad.
  • Sódicas: contienen más de 200 mg/l de sodio.

A la hora de elegir un tipo de agua fuertemente mineralizado, siempre es recomendable consultar a un experto, pues así como sus propiedades pueden beneficiarte, también podrían ser contraindicados para tu organismo; niveles elevados de sodio podrían repercutir en tu tensión arterial, por ejemplo. Lee, infórmate y disfruta del agua.

Fotos: Sideapa, MercadoCalabajío



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