El agua subterránea es una parte muy importante de la masa total que existe en el planeta y su la denominamos de esa forma porque se encuentra en los acuíferos bajo la superficie de la tierra. El volumen del agua subterránea es mucho mayor que la que se encuentra en la superficie, lo que la convierte en un recurso invalorable del que se abaste gran parte de la población mundial.

Las masas más extensas de aguas subterráneas pueden alcanzar millones de kilómetros cuadrados, como el Acuífero Guaraní, y son muy sensibles a la contaminación. Solemos pensar que estas aguas llenan grandes cuevas bajo la superficie terrestre, pero muchas veces se encuentra entre los poros y grietas del suelo, y en distintos sedimentos que la contienen como una esponja.

Estas aguas se renueva mediante un proceso muy lento de recarga desde la superficie y en algunos casos, dicha renovación está interrumpida por la impermeabilidad de las formaciones geológicas superiores o por la sobreexplotación del acuífero. La extracción excesiva del agua, cada vez más demandada para usos agrícolas, urbanos e industriales, produce descensos continuados del nivel de agua en el acuífero y un deterioro de su calidad. Esta práctica continuada ha provocado que muchos acuíferos lleguen a secarse totalmente.

Dada la importancia que tienen en el abastecimiento de gran parte de la población mundial, el aprovechamiento sostenible de los acuíferos puede jugar un papel relevante contra la falta de agua potable. La distribución equitativa y la explotación sostenible de este recurso se presenta como uno de los principales retos del siglo XXI.



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