Entre las aguas naturales propias de la península, existen algunas que acompañan la historia del último siglo. Una de ellas es la tradicional marca Insalus, que distingue al agua mineral natural extraída del manantial de Lizarza ubicado en el extremo occidental de los Pirineos. De mineralización media, esta agua se destaca por sus propiedades minerales.

Allí, entre la Sierra de Aralar y el monte Otsabio brota un agua cálcica, sulfatada, bicarbonatada, y que posee un bajo contenido en sodio. Insalus se comercializa desde 1888. Unas décadas antes, en 1859, se descubrieron las propiedades minero-medicinales de un manantial que brotaba junto al río Araxes en la localidad guipuzcoana de Lizarza. El dueño de los terrenos y un grupo de vecinos de la localidad iniciaron su explotación a partir 1862, cuando inauguraron el Balneario de Insalus.

Veintiséis años más tarde, las aguas del manantial de Insalus fueron declaradas de utilidad pública y se fundó la empresa Aguas de Insalus para su embotellamiento. Hoy día, estas tradicionales aguas constituyen un producto ideal para la preparación de alimentos infantiles y para dietas pobres en sodio.

El Agua mineral natural Insalus se presenta en botellas de vidrio retornable y no retornable y plástico PET. Con más de 120 años de historia, Insalus es una de las marcas con mayor tradición y recientemente se ha sumado a la campaña de la Fundación Atapuerca, para acercar a la sociedad la gran trascendencia de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca. Tanto la empresa embotelladora como la Fundación, consideran que estos yacimientos se han convertido en referencia obligada para el estudio de la evolución humana.

Sierra de Atapuerca, es un sistema kárstico de galerías y cavidades; registra más de 1,5 años de historia y hay restos de al menos tres especies humanas diferentes, son algunas de las leyendas que llevan las botellas de agua Insalus.

El objetivo de La Fundación es facilitar la continuidad y amplio respaldo al programa de investigación que se está realiando en la Sierra de Atapuerca. Busca difundir la producción cultural y contribuir a que los yacimientos tengan la proyección científica que merecen como Patrimonio de la Humanidad.



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